Salesianos al día No. 781    02/08/2018

 

Identidad salesiana:
clave para acompañar a jóvenes migrantes
 
 
 
 
Para el P. Guillermo Basañes, Consejero General para las Misiones, uno de los grandes desafíos del trabajo misionero es caminar junto a los jóvenes migrantes en todo el mundo, poniendo en práctica la propia riqueza de la identidad y el carisma salesiano. El padre Guillermo, quien llegó procedente de Roma, cuenta mayores detalles de su visita al país y de los retos que tiene la Congregación en estos nuevos escenarios de movilidad humana. 
 
¿Cuáles son los motivos de su visita al Ecuador?
 
El primer motivo de mi presencia en Quito es acompañar en el curso que se está realizando en el Centro Salesiano de Formación Permanente América (CSFPA), ya que dentro del trabajo del Dicasterio de las Misiones existen dos dimensiones estratégicas: la formación y animación misionera de las inspectorías. La Congregación está ejecutando cuatro cursos más estructurados a nivel regional de formación misionera y uno de ellos es el que se está realizando en el CSFPA. 
 
El otro frente de trabajo del Dicasterio es acompañar la animación misionera de las 90 inspectorías salesianas de todo el mundo y en las que se prevé que en cada una exista un Delegado Inspectorial de Animación Misionera (DIAM). Este es un momento muy interesante porque, en los últimos 10 años, las inspectorías en América han comenzado a identificar mejor la figura del DIAM y el año pasado, por primera vez, se ha designado dos coordinadores regionales para la animación misionera (CORAM): el P. Miguel Ángel Lezama para la región Interamérica y para la región del Cono Sur están el P. Antonio Sánchez y el P. Thiago Elimora.
 
¿Por qué es importante para los salesianos hablar de la movilidad humana?
 
El tema de la movilidad, de los inmigrantes, ha sido un tema que a Don Bosco le atrajo mucho y es interesante ver como el aspecto misionero para él ha estado muy vinculado con la migración. Precisamente, el envío de la primera expedición misionera salesiana, en 1875, tuvo como motivación dar una respuesta a la situación vulnerable de los inmigrantes italianos en Sudamérica y particularmente en Buenos Aires.
 
Desde el inicio de la misión salesiana ha estado presente el compromiso por el tema de los emigrantes, inmigrantes y sobre todo, esa sensibilidad de Don Bosco al darse cuenta de los peligros que adolescentes y jóvenes viven estando en esa situación. Esto hace que los salesianos estemos llamados a seguir este movimiento de la historia y a poder dar una respuesta adecuada. 
 
Considero que el gran desafío es poder dar esta respuesta con identidad salesiana en estos lugares donde están presentes los jóvenes, como por ejemplo los grandes campos de refugiados en África, donde hay la necesidad de reforzar el accionar con los refugiados del norte de Kenia, de Somalia, etc. Los salesianos estamos muy presentes en esos campos de refugiados que albergan alrededor de 300 mil personas y por qué estamos allí, simplemente por están los jóvenes. Este es el criterio de fidelidad y de vitalidad del carisma salesiano, poder estar presente donde los chicos migrantes, los refugiados, o los que piden asilo político.
 
¿Cómo se está avanzando en la línea misionera en el continente americano?
 
Uno cuando ve América, sobre todo Latinoamérica, evidentemente llama la atención la gran cantidad de católicos que lo convierten en el continente cristiano. La Iglesia católica en América Latina tiene un patrimonio de reflexión y de magisterio sobre las misiones; sin embargo, hay una gran distancia entre la claridad del magisterio y la osadía de los evangelizadores, porque si estamos en el continente católico porque hay tanta pobreza, miseria, corrupción y violencia. Entonces esto nos hace reflexionar que las estadísticas no indican la calidad de la dinámica misionera evangelizadora de los cristianos que aquí se encuentran; pero es muy justo continuar llamando a América el continente de la esperanza, por la presencia de los jóvenes y la fuerza del Evangelio en ellos, lo cual también debe dar sus frutos vocacionales.
 
El Rector Mayor continúa enviando misioneros a América Latina, respondiendo al sentido de una Iglesia misionera en toda la tierra. Ecuador en estos últimos años no ha enviado muchos misioneros, entonces el país tendrá que seguir recibiendo misioneros y continuar promoviendo la vocación misionera religiosa consagrada y también la vocación misionera laical. Es bonito ver el voluntariado misionero aquí en la Inspectoría de Ecuador que ha echado tantas raíces y ha dado tantos buenos frutos. 
 
A nivel de la Congregación, ¿cuáles son los desafíos en el ámbito misionero en vista al próximo Capítulo General XXVIII?
 
El Capítulo es muy concreto y va justo a la raíz de lo que somos y de lo que estamos llamados hacer. La pregunta: "¿Qué salesianos para los jóvenes de hoy?", está reviviendo la conciencia de la misión que hemos recibido, o sea los salesianos no han nacido para mirarse entre ellos o para ser una comunidad perfecta en sí misma, sino han sido llamados para una misión en favor de los jóvenes.
 
La semana pasada, el Consejo General ha decidido que cada Inspectoría y comunidad local implemente un espacio para escuchar a los jóvenes a la luz de esta pregunta y que el resultado sea llevado al Capítulo Inspectorial y de ahí llegar al Capítulo General. Del mismo modo como el Papa antecedió al Sínodo que está por celebrarse sobre los jóvenes, con una asamblea mundial para escuchar la opinión de los muchachos, el Rector Mayor con su Consejo está pidiendo a cada comunidad local salesiana del mundo que implemente algún tipo de dinámica para escuchar concretamente a los jóvenes. No hay que hacer la pregunta como nosotros nos la estamos haciendo, de salesianos a salesianos, sino preguntarles a los jóvenes: ¿cómo nos ven a los salesianos? Es una interrogante que hay que tener coraje de hacerla y también coraje de escuchar las respuestas y cambiar según las opiniones recibidas.
 
En estos nuevos contextos, ¿Por qué es importante ser misionero en el propio país?
 
Por el tema de la movilidad, las "gentes" no están afuera sino que las tengo en casa. Hoy en Europa, casas salesianas que tienen 120 años de existencia y salesianos de ese se sienten obligados a aprender turco, chino, porque estamos trabajando con jóvenes de diferentes naciones a los que evidentemente hay que ayudarlos a integrarse en el tejido europeo. También, hay espacios como los oratorios donde acuden tantos migrantes, por lo cual el salesiano tiene que aprender algo de árabe, sino no puede realizar su misión y ese es un salesiano europeo que no ha salido de casa. 
 
¿Cómo trabajar la dimensión misionera en el voluntariado?
 
El voluntariado nuestro es uno muy específico porque es misionero y porque es salesiano, y cuando se dice misionero se quiere decir que implica la fe en el Evangelio y es salesiano porque es con todos los valores de la experiencia cristiana de Don Bosco. Entonces el gran desafío es proponer a los jóvenes este tipo de voluntariado. 
 
Una situación interesante en América Latina es la de acoger, hace muchos años, jóvenes sobre todo de Europa que vienen a realizar la experiencia del voluntariado en contexto salesiano, pero que muchos de ellos son agnósticos. Entonces esta vivencia les permite ir en búsqueda de sentido a su vida a través de esta primera experiencia cristiana por el alto nivel de secularismo que se viven en Europa. Este tipo de voluntariado también es válido y abre muchos caminos.