Salesianos al día No. 782    07/08/2018

 

Voluntariado: una experiencia que le enseñó a amar
 
 
 
 
"Una experiencia genial", así describe Marie Jenisova (28) su año de voluntariado en Esmeraldas, una tierra que, según sus propias palabras, le enseño a amar sin límites. A través del trabajo diario con niños y jóvenes de diversas edades aprendió que ellos necesitan, más que cosas materiales, alguien que los acompañe y los escuche, así como lo hacía Don Bosco desde el inicio de su obra pastoral en Turín.
 
 
Aunque llegó desde República Checa, su país natal, sin tener la habilidad para hacer dinámicas o poseer el don de tocar la guitarra, se entregó por completo poniendo en práctica las cualidades que siempre llamaron su atención de Don Bosco: la alegría, el entusiasmo, el no tener miedo de llevar adelante sus ideas y siempre ir de la mano de Jesús.
 
Su trabajo se desarrolló en dos ámbitos: el primero colaborando en el departamento de Trabajo Social de la Unidad Educativa Salesiana María Auxiliadora (UESMA), donde pudo conocer de cerca las problemáticas que afectaban a estudiantes y familias en general. El segundo relacionado a la parroquia brindando apoyo escolar a los estudiantes y el fin de semana en los grupos juveniles y en la catequesis.  
 
La retribución más grande que se lleva en el corazón es los abrazos sinceros que recibía de los niños, niñas y jóvenes con quienes trabajó en los distintos espacios de animación de la obra salesiana. El simple hecho de escuchar que mencionan su nombre con alegría, era un símbolo de que venir al Ecuador valió la pena.
 
"El voluntariado marca tu vida porque se aprende muchas cosas, se descubre las cualidades que tiene uno gracias al servicio que se realiza en favor de los demás. Es por eso que les animo a los jóvenes a decidirse por el voluntariado, y que no teman a salir a otro país" cuenta Marie quien tomó la decisión de hacer el voluntariado a los 26 años.
 
¿Por qué tardó tanto en tomar la decisión? Los motivos eran algunos: los estudios, la familia, el trabajo, pero ella no claudicó en su meta y confío en el plan que Dios tenía preparado para su vida. Luego de obtener el título de Trabajadora Social y trabajar por algunos años, consideraba que era el momento justo para entregar un año de su vida en favor de los más necesitados.
 
Ecuador, un país designado por Dios
 
El rumbo que le esperaba en un inicio era México, pero la historia de Laura Vicuña le impactó tanto que su expectativa era venir a Sudamérica. Sin embargo, ninguna nación de esta parte del continente formaba parte de las opciones para ser enviada desde República Checa. Una vez más puso su vida en manos de Dios y se presentó la oportunidad de hacer la experiencia en el país. "A nivel de los salesianos les habían comentado que en el Ecuador existía un programa de voluntariado bien ejecutado y que vale la pena enviar un voluntariado, entonces así empezaron los contactos".  
 
No obstante, al llegar la invitación, se requería su presencia en marzo de 2017, lo cual implicaba que interrumpiera su proceso formativo. Ella optó por permanecer en su país y viajar a territorio azteca. Hasta que recibieron un nuevo documento indicando que la esperaban para el envío de agosto de 2017 a realizarse en Cumbayá. El delegado del voluntariado le dijo: "Marie, Dios te quiere".
 
Aún sin dominar el español y desconociendo muchos de los aspectos de la cultura local, preparó maletas y arribó al país para formar parte del Envío de Voluntarios Sierra – Oriente 2017 – 2018. En los tres días de formación previo al envío, pudo conocer un poco la dinámica del voluntariado local y estaba lista para ir a una comunidad, la cual desconocía hasta ese momento.
 
Luego llegó el día de la ceremonia oficial y recibió con sorpresa su designación a la comunidad de Esmeraldas. "No recuerdo muy bien ese momento, pero solo sonreí y escuché que los prenovicios gritaron de la felicidad. Entonces supuse que era un lugar maravilloso y así fue".
 
Salesiana desde el vientre de su madre
 
Antes de su nacimiento, la vida de Marie estaba destinada a tener un vínculo inseparable con el carisma salesiano. Su padre, Jyry, y su madre, Ludmila, eran, y continúan siendo, cooperadores salesianos. Esta vocación le permitió crecer junto a la figura de Don Bosco en su hogar, ubicado en la pequeña localidad de Újezd u Brna.
 
Aunque no nació en un país de tradición católica, la "salesianidad" es una cualidad que corre por sus venas. La alegría, la oración y la comunión, como indica una de las frases de Don Bosco, son las enseñanzas que agradece de los momentos que vivió en familia, pues allí aprendió lo valioso que es la presencia de Dios en la vida.
 
Su caminar junto a la Iglesia inició en su niñez formando parte de la parroquia de su pueblo y en la adolescencia se integró como animadora del oratorio que reunía a niños durante sus vacaciones. En este trayecto, tuvo la oportunidad de conocer el trabajo realizado por ex voluntarios de su país en el extranjero y leer las cartas escritas por ellos, así como la biografía de Laura Vicuña. Esto despertó, a sus trece años, la inquietud de realizar esta experiencia.
 
Sin embargo, Marie cuenta que ser católico en su país no es fácil pues implica enfrentarse, muchas veces, al rechazo o burla de una sociedad poco apegada a la religión. "Los católicos tendemos a escondernos y procuramos hablar solo entre nosotros. Creo que es una consecuencia de la persecución que se vivió durante el comunismo".
 
Ahora ella menciona que es una de las cosas que cambiará y que con su testimonio llevará el amor de Jesús y el carisma de Don Bosco a los jóvenes y niños de su ciudad, Brna. A su regreso trabajará con los salesianos por un año en el área del voluntariado y comunicación, donde espera "ser vida y esperanza" como lo fue en Esmeraldas.